Nuestro infame presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lleva ya tiempo viendo sus opciones vitales de cara al futuro. Ya parece haber interiorizado que, tras las elecciones generales del año próximo, los españoles le echarán de La Moncloa y si su partido, el PSOE, quiere sobrevivir “también le dará puerta”.
Sánchez, durante bastante tiempo ha estado sondeando la posibilidad de buscarse un vistoso acomodo, un cargo de importancia en la Unión Europea, pero como allí hace tiempo que lo calaron, parece evidente pensar que jamás lo tendrá, por ello, solo le queda la última opción, que es precisamente la que se está trabajando con esmero actualmente, seguir los pasos del malvado Zapatero y convertirse en embajador especial de dictaduras y terroristas a cambio de enriquecerse.
En su actual viaje a Hispanoamérica se está viendo, en Colombia se ha mostrado dispuesto a que España albergue el diálogo entre los terroristas comunistas del ELN y el gobierno comunista del país, para así blanquear ante el pueblo colombiano las atrocidades y los crímenes cometidos por el comunismo durante décadas. Ante la insistencia de un periodista colombiano, Sánchez, se negó a llamar dictador a Maduro y presidente a Guaidó.
En el mundo de hoy hay dos bloques, el de los países democráticos que respetan el Estado de derecho y las libertades, y el de las dictaduras disfrazadas de democracias que oprimen y asesinan a sus nacionales que piensan distinto a ellos. Nuestro Rey se quedó sentado y demostró que está con los “buenos”, Sánchez, siempre está con los “malos”.