Pablo Iglesias llevaba varios
días desaparecido, arrinconado tras su exclusión de esa Autoridad Competente integrada
exclusivamente por cuatro ministros del PSOE. Ahora, pese a estar en su quinto
día de cuarentena, no guardando los días que recomiendan para prevenir el
contagio, Sánchez, le ha permitido disfrutar de algo de protagonismo y utilizar
La Moncloa para dar su mitin ideológico y partidista.
Su comparecencia tenía como
objetivo detallar un paquete de medidas económicas y sociales que ya se
conocían, no aportando ninguna novedad, eso sí, ha reiterado esa cantinela de
que el Ejecutivo trabaja “para la gente más humilde” dejando entrever que gracias
a su influencia.
Preguntado por la cacerolada
superminoritaria que apoyó su partido contra la Corona, recordó que en este
país hay libertad de expresión y que la gente demostraba así su indignación.
Visto el “éxito” conseguido por los comunistas, España debe ser
mayoritariamente monárquica.
Pablo Iglesias, sigue erre
que erre, manteniéndose en la posición de rechazo a las aportaciones privadas
realizadas por personas como Amancio Ortega, algo incomprensible por la gran
mayoría de los españoles. También sorprende, que el vicepresidente de un
gobierno que negaba la crisis hasta el 8-M, ahora diga que “la crisis del
coronavirus no es solo una emergencia sanitaria, también es una emergencia
económica y social”, otro amoral sin escrúpulos.
Si comparamos las palabras de
este bandido con las que pronunció nuestro Rey el día anterior, no hay color.
Felipe VI nos dijo que “debemos dejar de lado nuestras diferencias y unirnos
para superar esta grave situación”. Estuvo impecable. Viva el Rey.
