Pedro Sánchez, nos ha
anunciado su “brillante plan”, acaba de anunciar su intención de movilizar
200.000 millones de euros a fin de combatir los efectos del coronavirus. Teniendo
en cuenta que el PIB español ronda el billón de euros, estaríamos hablando de
destinar nada más y nada menos que el 20% del PIB a un programa específico de
ayudas públicas. Algo a todas luces imposible desde cualquier punto de vista.
Acordémonos del célebre
rescate financiero solicitado por nuestro país a Bruselas, una línea de crédito
que implicó hipotecar de hecho la soberanía económica de España, que supuso al
final un volumen de dinero inferior a los 45.000 millones de euros; es decir,
una cifra cuatro veces y pico menor a la que ahora mismo se está manejando
desde La Moncloa, si lo comparamos y no somos desmemoriados, debemos saber que aún
no lo hemos finalizado de pagar, y que España devolverá la última cuota del
principal más los intereses a mediados del año 2027. Por ello, una cantidad cinco
veces más alta, hipotecaría hasta a nuestros biznietos.
Tras el anuncio, lo normal
sería preguntar ¿de dónde tiene previsto el Gobierno sacar los 200.000
millones? Aunque Sánchez haya sido reiterativo en lo de los avales, o sea, de
compromisos jurídicos que no requieren en primera instancia de una movilización
real y efectiva de dinero, llegado el momento fatídico de ejecutarlos, el
Estado sería incapaz de pagar.
Casi todos los economistas
coinciden, en que un incremento tan extraordinario y sorpresivo del gasto
público, solo se puede financiar con deuda, pues hacerlo subiendo impuestos
resultaría absurdo y contraproducente. Y la alternativa de reducir
drásticamente el gasto es incompatible con el ruinoso Estado autonómico.
Con un endeudamiento público
que sigue rondando el 100% del PIB, si le sumamos esos 200.000 millones, la
prima de riesgo de disparará. El plan de Sánchez es un suicidio económico imposible
de realizar.

Ni haciendo la multiplicacion de los panes y los peces, Sanchez sigue de campaña electoral