Lo que ocurre en Alemania es de auténtica traca. Tras constatarse que quienes han dirigido los destinos de ese país durante décadas “se vendieron” a Rusia a cambio de dinero otras prebendas, renunciando así a la independencia energética de su país, ahora, sus actuales dirigentes, a la desesperada, pretenden volver a explotar las fuentes energéticas que pretendieron abandonar en el pasado con la excusa de ese cuento que llaman “cambio climático”.
Vemos a centenares de activistas haciendo frente al desalojo del pueblo alemán donde se quiere ampliar una mina de carbón, pero nada se nos dice sobre si sobre los que entregaron el futuro energético alemán a Rusia van a pagar penalmente por el daño que le hicieron a su país.
Pero no nos equivoquemos, aquí pasa algo parecido. Hemos visto estos días a agricultores manifestándose contra el Gobierno por el anunciado descenso del aporte de agua del Trasvase Tajo-Segura a los campos de Levante y Almería. Debemos recordar que la izquierda y los separatistas tumbaron el imprescindible Plan Hidrológico Nacional, ese que conectaría todas nuestras cuencas y haría que no le faltara agua a ningún agricultor español, independientemente de la ubicación de sus cultivos. Porque el agua que hay en España, es de todos los españoles, no del gobierno de la taifa “autonómica” a la que corresponda el lugar.
Desde el Gobierno se ha vuelto a hablar de esas terribles desaladoras que consumen una burrada de energía para funcionar, que dañan terriblemente el ecosistema marino, y que por supuesto, producen un agua carísima. Y mientras tanto, el Ebro sigue vertiendo cantidades astronómicas de agua dulce al mar.
Es una verdadera pena que, en nuestro mundo, en occidente, nuestros gobernantes no ejerzan aplicando el sentido común en pos del interés general de su población, por el contrario, sirven a ideologías perversas y dañinas, banderas inventadas por la izquierda para enfrentarnos y perjudicarnos tras quedarse huérfana de objetivos tras la caída del Muro de Berlín.