El acto electoral del Partido
Popular gallego que se ha celebrado este pasado fin de semana, no ha tenido
desperdicio. Un candidato, Núñez Feijóo, al que todos le dan la victoria,
aunque no está nada claro que consiga la mayoría absoluta, pues podría quedarse
a un solo escaño de ella, algo que propiciaría lo que quieren Sánchez e
Iglesias, que se instalara allí también un gobierno de Frente Popular
separatista. Un invitado sorpresa, Mariano Rajoy, un tipo que, siendo presidente,
pudo haber evitado únicamente con dimitir la moción de censura que le hizo
Sánchez y, por consiguiente, todos los graves problemas que en la actualidad
padecemos. Y un Pablo Casado, que tuvo que arropar a un tipo, a un candidato,
que como presidente practica una inmersión lingüística brutal y un galleguismo
antiespañol.
Tenemos que decir lo que
pensamos, y yo personalmente pienso, que la mayoría absoluta de Núñez Feijóo no
arregla nada, pues el día que pierda le dejará todo hecho al separatismo. Y no digo ninguna
barbaridad.
La única solución de Galicia
es, claramente, que lo poco que le falte al PP para conseguir esa mayoría, esté
en manos de Vox, pues de esa manera, si Núñez Feijóo quiere gobernar, tendrá
que desmontar sus chiringuitos galleguistas, y los ciudadanos que lo deseen, podrán
volver a usar el español en todos los ámbitos, incluida la Educación, además
de, dejar de seguir a pies juntillas esa ideología progre a las que el
“centrista” Feijóo hace tiempo que se sumó. La verdad, duele.
