Siempre lo he tenido muy
claro, sin seguridad no hay libertad. Cuando te apetece decir o hacer algo, por
muy legal que sea, si sabes que esa acción puede tener graves consecuencias
para ti y tu entorno, simplemente no la haces.
He pasado de los sesenta y
esta es la España en la que menos libre me siento. Los datos ofrecidos
recientemente por el Ministerio del Interior me dan la razón. Incremento
considerable de homicidios y asesinatos, de violaciones y abusos contra las
mujeres, de robos con violencia e intimidación, y del tráfico de drogas.
España se ha convertido en el
paraíso de los criminales de todo el mundo, pues tenemos una leyes tan blandas
y tan garantistas con los delincuentes, que delinquir en España sale muy
barato.
Siempre pensé, que la
finalidad de las leyes era la de proteger a los ciudadanos, esos que las
cumplen al dedillo, esos que pagan sus impuestos, esos que les pagan sus
sueldos a quienes nos gobiernan, pero no, y es que no, porque los progres
parecen querer tener siempre amarrado el voto de esos otros que ni cumplen las
leyes, ni pagan impuestos, de esos que te ocupan tu casa y tardas una eternidad
en echarlos.
Personalmente, muchas de mis
libertades, se las devolvería al Estado a cambio de que me garantizase mi
seguridad personal y la de los míos, y por supuesto, la protección de lo poco que poseo, y digo esto, porque tenemos derecho a la propiedad privada pero esa
legislación que nos lo da es incapaz de protegerla.
Vivimos en un país, en el que
la mitad de los políticos cuando gobiernan hacen guiños a los delincuentes,
mientras eso ocurra, cada vez seremos menos libres.
