Este
fin de semana, se ha celebrado en Madrid, el llamado “Día del
Orgullo Gay”, un acontecimiento que ha congregado a una enorme
cantidad de asistentes. Según los organizadores, ha constituido todo
un éxito. Lo que nunca sabremos, es qué porcentaje de los
asistentes pertenecían al colectivo LGTB español, cuantos al de
otros países, y cuantos madrileños simplemente, se unieron a la
fiesta en busca de diversión.
En
cualquier colectivo humano, por una parte están los educados y los
que respetan a los demás, y por otra, los maleducados, los que no
respetan a nada ni a nadie, y su único objetivo es provocar a los
que no piensan como ellos. Este fin de semana en Madrid, ha habido de
todo eso.
En
España, cada vez tiene más poder el lobby LGTB, y lo tiene en todos
los ámbitos, en los medios de comunicación y en la política. Tiene
tanto poder, que se está convirtiendo en una amenaza real para
nuestras libertades y nuestros derechos fundamentales. Su influencia
en la política se ve, en que ya en diez CCAA, por ley y sin la
autorización de los padres, los colectivos LGTB pueden impartir
charlas y desarrollar actividades en los centros educativos.
Resulta
inadmisible, que sin contar con el beneplácito de los padres, se
introduzca en la educación de nuestros hijos la llamada “diversidad
sexual” y se haga apología de comportamientos “lésbico, gay,
bisexual, transexual, transgénero e intersexual”. Si algo tengo
claro, es que en la educación y el desarrollo de los niños, los
padres tienen el derecho de transmitirles los valores que estimen
oportunos. Y digo esto, porque no es normal que en un país donde el
CIS dice que un 80% de los españoles se declara católico (aunque
una mayoría de ellos sea no practicante), un escaso 5% de la
población pueda adoctrinar a sus hijos.
Estoy
por la igualdad, independientemente de las tendencias sexuales que
tengan los ciudadanos, pero una cosa es esa y otra comprarle a esa
minoría “lo que nos quiere vender”. No obstante, estoy, como no
podría ser de otra manera, en el respeto al diferente y contra
cualquier tipo de discriminación. De hecho, en más de una ocasión,
he defendido a algún gay que estaba siendo acosado por los
intolerantes de siempre.
Este
fin de semana en Madrid, hemos visto escenas de comportamientos
esperpénticos, muchos de ellos hasta ofensivos, evidentemente de una
minoría, pero que espanta a muchos LGTB, serios y discretos, a la
hora de asistir.
Los
que pretenden acabar con los valores de nuestra sociedad, utilizan al
colectivo LGTB como un arma para ello, y digo que los utilizan,
porque por ejemplo, Pablo Iglesias iba con una bandera arco iris y la
cartera llena de dinero iraní, un país donde ahorcan en las grúas
a los homosexuales.
Sé
que lo que he dicho es “políticamente incorrecto” y mucho más
si proviene de alguien que milita en un partido Nacionalprogresista
como UPYD, un partido que siempre ha luchado por la igualdad del
colectivo LGTB, pero curiosamente yo también defiendo esa igualdad,
lo que nunca defenderé es el adoctrinamiento de lo que piensan los
menos, a los más.
