La pasada semana, por enésima vez, esa Francia políticamente “multicultural” quedó conmocionada por la violación salvaje cometida por el joven inmigrante de turno, en este caso de nombre Oumar N. En la ciudad de Cherburgo, cerca del Canal de la Mancha, fue donde la perpetró y por ella ha sido acusado de “violación acompañada de tortura o actos de barbarie”. Este individuo, uno de tantos a los que los progres reciben con alfombras rojas, irrumpió en casa de la víctima, la golpeó varias veces en la cara y en el cuerpo, antes de violarla varias veces, incluso con un palo de escoba. Los médicos diagnosticaron a la víctima perforación del colon, intestino delgado, peritoneo y diafragma, neumotórax, fracturas de costillas y un alto riesgo de shock séptico. Llevada al hospital, la joven fue sumida en un coma artificial, con un pronóstico potencialmente mortal.
Pero esto no solo ocurre en Francia, en España también ocurre, aunque sistemáticamente lo oculten las cadenas de TV de más audiencia. Hace dos días, la Guardia Civil de Formentera detuvo a dos hombres de nacionalidad marroquí, de 32 y 37 años, por drogar, violar y torturar a una joven de 19 años en la isla de Formentera. Un tercer implicado, de la misma nacionalidad, habría huido a Marruecos, según informan fuentes de la Benemérita. Según denuncia la víctima, los agresores la obligaron a consumir crack y cocaína antes de ser violada por los tres en repetidas ocasiones, y causarle heridas en la piel con cigarrillos y cucharillas que calentaban previamente.
También hace dos días, la Policía Nacional detuvo a tres marroquíes de 19 a 31 años acusados de violar a una mujer que se encontraba en estado de embriaguez en la playa de la Malagueta, en Málaga capital. La Policía sorprendió a los tres hombres alrededor de la víctima, que ya había sido violada por al menos uno de ellos. Tras detenerlos, los agentes se percataron de que también se habían apoderado de las pertenencias de la joven, por lo que, además de su presunta implicación en un delito de agresión sexual, también se les acusa de robo con violencia e intimidación.
Solo han sido un par de ejemplos domésticos, pero en Francia ya se empiezan a oír voces cualificadas como la de Brochand, ex jefe de la inteligencia francesa, quien ha afirmado con rotundidad que prevé el colapso inminente del país a causa de la inmigración. Brochand ha urgido una y otra vez al Gobierno a que cambie la política de inmigración porque la actitud de puertas abiertas no solo está empobreciendo al país, sino que también podría conducir a una guerra civil. Más claro, imposible.
Aquí mientras tanto, la izquierda sigue llamando a los ilegales y dándoles paguitas, y el PP no se atreve a afrontar el problema, más bien diría yo que también ha asumido lo que la izquierda hace. Solo Vox habla claro en este asunto advirtiendo de lo que está ocurriendo y de lo que nos llegará. Lo que ocurre en Francia, a este paso pronto ocurrirá aquí.
Creo que muy pronto. Un joven de aspecto no español intentó quitarme una medalla de la virgen que llevo sobre el pecho, al suelo y me largo por si acaso. Estamos en el comienzo del final del tiempo.