Parece que la mayoría de los españoles no son conscientes de las consecuencias derivadas de votar a una u otra opción política y que esa acción puede traer consecuencias muy negativas, no solo para nuestra vida, sino también para el futuro de nuestros descendientes.
Acaba de hacerse público el llamado “Ranking de Shangái”, que no es otra cosa que el puesto en excelencia que ocupa cada universidad de nuestro planeta y que este año vuelve a ser demoledor para los centros universitarios españoles.
Las universidades españolas van de mal en peor, pues ninguna está entre las 200 mejores del mundo y hay tres menos entre las 300. Solo 38 centros españoles están entre los 1.000 mejores y en puestos bastante atrás.
La Universidad de Harvard (EEUU) sigue liderando el conocido ranking, seguida por la también estadounidense Universidad de Stanford, que se mantiene un año más en el segundo puesto y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (Estados Unidos), que consolida la tercera posición a la que subió en 2022. Completan el Top 10 la Universidad de Cambridge (Reino Unido), la Universidad de Berkeley (Estados Unidos), la Universidad de Princeton (Estados Unidos), la Universidad de Oxford (Reino Unido), la de Columbia (Estados Unidos), el Instituto Tecnológico de California y la Universidad de Chicago.
Solo en países donde se busca y se valora, el mérito y la excelencia, el nivel académico sube, pero desgraciadamente, en España, la izquierda lleva cuarenta años bajando el listón académico, dejando pasar de curso con suspensos y dando becas, no a los mejores estudiantes, sino atendiendo a criterios sociales. Si a esto sumamos que, en vez de trasmitir conocimientos, se trasmite ideología pura y dura mediante la tergiversación de la historia y de lo que haga falta, este es el triste resultado. A partir de ahora, cuando un joven licenciado español pretenda conseguir un trabajo en un país desarrollado, se va a encontrar con el problema de que su título vale cada vez menos, es cada vez menos fiable. Para la izquierda, los colegios, los institutos y las universidades son simples fábricas de votantes donde el adoctrinamiento es lo importante.
En España, se criminaliza a los empresarios, es decir, a los que crean riqueza y empleo, en cambio, lo que mola es cobrar una paguita del Estado, hacer alguna chapuza por negro e ir tirando, o dedicarte a la política para vivir del cuento. Lo que olvidamos, es que ese camino nos conducirá inexorablemente a Argentina y después a Venezuela. Y eso parecen olvidarlo todos esos millones que siguen votando socialismo o comunismo.