Carles Puigdemont ha pasado de ser un político apestado, un cobarde que prefirió huir de la justicia y disfrutar de una lujosa vida en una mansión belga antes que permanecer al lado de sus compañeros golpistas y sufrir las consecuencias por el grave delito cometido. Pero la jugada parece haberle salido muy bien, pues de la noche al día se ha convertido en el personaje clave del que depende la negociación para formar la Mesa del Congreso y una hipotética investidura de Pedro Sánchez.
El PSOE, al contrario del desastre que hizo el PP en sus negociaciones para conformar los diferentes gobiernos autonómicos en los que se dedicaba a insultar en los medios a su aliado natural, está llevando las negociaciones con absoluta discreción con sus únicos posibles aliados, con todos los partidos que le desean cada mañana al levantarse, los peores males a España, comunistas, separatistas y proetarras. En esto, los populares deberían aprender mucho de los socialistas. No obstante, en el PSOE están muy nerviosos, ya que a tres días para la fecha clave, ya el próximo jueves se constituye la Mesa del Congreso surgido de las urnas del 23 de julio y aún no parece tener nada atado.
Si en el País Vasco la situación es muy complicada, con un PNV al que se lo está comiendo EH Bildu, por lo que los peneuvistas no pueden dar sensación de debilidad al negociar con Sánchez, la situación en Cataluña es aún más si cabe complicada. Los de Puigdemont han planteado, con grandes dosis de paciencia y perseverancia, una negociación de máximos con la excusa de que se resuelva ya el falso conflicto entre “Cataluña y España”. Amnistía, referéndum de autodeterminación, condonación de la deuda y demás peticiones inabordables por un Gobierno que no quiera saltarse la legalidad, ya hablan desde Junts de un “Brexit catalán” peticiones que por otra parte obligan a ERC a endurecer su postura para no verse fagocitado por los de Puigdemont.
En el PSOE asumen su impotencia y ya están solicitando la mediación del miserable de Zapatero para que les allane el camino con el huido. Es cierto que Puigdemont sabe que tiene todos los ases en su manga, pero no podemos olvidar que si Sánchez tuviese claro que en una hipotética repetición electoral, allá por diciembre, fuese a salir beneficiada la izquierda, se las daría ahora de que no cede ante los “malos”, aunque hayan sido sus socios hasta anteayer e incluso hasta podría salir beneficiado, pues no olvidemos que dentro del electorado hay demasiado borrego en el que sus vísceras priman sobre ese cerebro que se supone que tienen.