La decisión de Irene Montero de echar de su grupo parlamentario en Andalucía, a Teresa Rodríguez, lideresa de la facción anticapitalista, estando de baja maternal, ha causado estupor e indignación en la sociedad andaluza. La “hembra one” del macho alfa de su partido, se ha excusado diciendo que “la máquina no se detiene”, lo mismo que podría decir el peor empresario “negrero” al despedir a una empleada de baja maternal, algo que indignaría a las feministas y a quienes no lo somos, pero que, en este caso, por tratarse de quien se trata, esas activistas, deben haberse tomado ración doble de tila, para así evitar chillar y perder las subvenciones.
El tándem, Iglesias-Montero, se la tenían jurada a los “Clinton de Cádiz”, Kichi-Teresa, desde que estos pusieron su proletario grito en el cielo cuando los “Marqueses de Galapagar” adquirieron su lujoso “palacio”.
La respuesta de la anticapitalista a Irene Montero ha sido, corta, clara y contundente “No me he comparado con una precaria, y no estoy en política por el dinero, porque yo si tengo un curro al que volver y la política no me cambió de barrio”.
Irene y Teresa, ambas son comunistas, portadoras de una ideología letal que ha “asesinado” desde su creación a 130 millones de seres humanos, y ha condenado a muchos más, a la represión y la miseria, pero tengo que reconocer, que Teresa Rodríguez es mucho más coherente que esa que para prosperar, tuvo que meterse entre las sábanas del líder.
SIN CALIFICATIVOS , SIN COMENTARIOS, ETC.ETC.ETC.