El gasto en sueldos públicos se ha disparado y ya supone casi tanto como en pensiones, pues entre pensionistas y asalariados públicos, el sector privado sostiene a 13,4 millones de personas y 320.000 millones en sueldos y pensiones. De la tarta del gasto público la mayor partida es la de pensiones públicas, que consume alrededor de 170.000 millones de euros, el 40% del total del gasto público en nuestro país. Según el INE, en 2021, los sueldos públicos de funcionarios, empleados públicos y políticos, pulverizaron todos los récords hasta rozar los 150.000 millones. Sólo 20.000 millones menos que en pensiones públicas. Una locura que nos llevará a la quiebra si no se rectifica a tiempo, cosa que seriamente dudo.

Y mientras, en el sector privado, que es quien termina pagando las nóminas del sector público, sigue ajustándose el cinturón y sufriendo las crisis y las consecuencias de esas políticas expansivas de gasto público que ha conducido al Gobierno de España llevar una política de subida de impuestos sin precedente en el resto de países desarrollados o en sus socios europeos.

Excepto los funcionarios, que se han ganado su puesto y son necesarios, los demás, esos empleados públicos de los que gran parte de ellos han sido enchufados por los políticos, esos cargos públicos y sus cargos de confianza, todos ellos miembros de legiones parasitarias del Estado, son en gran parte de ellos prescindibles.

No se puede soportar el gasto en personal de estructuras administrativas improductivas, de la administración del Estado, de la administración autonómica, de las diputaciones y de los ayuntamientos, la España autonómica, sobre todo, es inasumible económicamente, y por sostenerla ponemos en riesgo nuestro casi fenecido Estado del Bienestar y sobre todo, nuestro futuro.

Tenemos un ejemplo reciente y muy clarificador, en Andalucía, tras cuatro décadas de enchufismo socialista, llegó el gobierno PP-Cs y su presidente, Juanma Moreno, se negó a despedir a las legiones de enchufados socialistas aduciendo que la Junta no podría asumir sus indemnizaciones por despido. Por ello, en Andalucía, convivirán los enchufados de los de antes con los de los de ahora, y como resultado, en esa historia de acabar con la administración paralela socialista uniendo chiringuitos, en los macro entes resultantes, más de la mitad del presupuesto se irá en nóminas. Yo le diría al presidente andaluz, que por respeto a la ciudadanía y al esfuerzo que les cuesta encontrar un puesto de trabajo, tenía que haber enviado a todos esos parásitos al paro, pues con su decisión nos aboca a la casi segura ruina.

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