La Diócesis de Almería ha nombrado delegado de cultura a un excandidato de Podemos, Enrique de Amo Artero, quien participó en la candidatura local de Podemos en Almería en las elecciones locales de 2019. Este individuo, el nuevo delegado diocesano de cultura fue coordinador provincial de Izquierda Unida en Almería entre 1999 y 2002 y fue nombrado portavoz de Podemos en Almería en febrero de 2020.
Cuesta mucho entender que un obispado delegue una labor pastoral tan importante en una persona vinculada con un partido de extrema izquierda que defiende planteamientos radicalmente anticristianos, como la ideología de género, la legalización del aborto y la eutanasia.
Enrique de Amo, lanzó a finales de septiembre en su perfil de Facebook todo su odio contra la diputada de Vox, María Ruiz Solás, por atreverse a defender a las familias numerosas frente a la medida del gobierno para eliminar las bonificaciones a las cuotas de la Seguridad Social de las empleadas de hogar que trabajan para estas familias, llamando a Abascal ya los suyos: “hijos de la gran puta”, “gilipollas”, “piltrafas humanas” y todo tipo de barbaridades. También es habitual ver en RRSS sus insultos contra Cayetana Álvarez de Toledo o contra Isabel Díaz Ayuso. Como católico me siento indignado al ver a un obispado nombrando delegado a un energúmeno como éste. Menudo ejemplo que dan a los fieles con un nombramiento así. La misma Iglesia que ha permitido que profanen las tumbas de las figuras históricas que más la defendieron, ahora se dedica a fichar a comunistas para cargos de relevancia.
Una parte de la Iglesia, con sus escándalos y graves incoherencias, parece estar empeñada en poner a prueba la fe y la paciencia de muchos católicos. Nuestra paciencia tiene un límite y ya muchos de nosotros empezamos a sentirnos mucho más cristianos, con lo que ello conlleva, que católicos.