Ya lo había dicho muy claro
Gómez de Liaño, fechas atrás, “desde el punto de vista jurídico, la declaración
en calidad de testigo de Mariano Rajoy, iba a aportar muy poco al caso”, y así
fue.
Al letrado de la socialista
Adade, se le notó que quería convertir aquello en un espectáculo mediático con
“pena de banquillo” incorporada para el presidente del Gobierno. De forma
descarada, lo que se pretendía era, que desde su llegada, Rajoy hiciera el
paseíllo y se expusiera a una supuesta exigencia de justicia.
Al ser el primer presidente
que es citado a declarar ante un caso de corrupción, sus adversarios políticos han
pretendido estigmatizarle. El presidente del Tribunal ha cortado por lo sano y
no ha permitido las preguntas impropias para su condición de testigo que se han
hecho, pues eran claramente incriminatorias.
Mariano Rajoy se lo llevaba
bien aprendido, siempre sostuvo que él solo tenía responsabilidades políticas y
nunca económicas.
Sorprendió, que los dos
magistrados que consideraron necesaria la citación de Rajoy, no le formulasen
ni una sola pregunta.
La sensación ayer al
terminar era, que al PSOE no le había salido bien la jugada, que Rajoy salió
vivo de aquella emboscada, algo que quedó demostrado cuando de forma forzada
Pedro Sánchez le pidió al presidente su dimisión ante las cámaras.
En el tema de la
corrupción, los partidos ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio,
la utilizan para desgastar a su adversario, pero no tienen ni la más mínima
intención de terminar con las prácticas corruptas, prácticas que utilizan, para
financiar al partido, y de paso, para enriquecerse bastantes desaprensivos.
