Acaba de fallecer el exdirigente soviético Mijail Gorbachov, quien dirigió la Unión Soviética entre 1985 a 1991, primero al frente del Comité Central del Partido Comunista y del Soviet Supremo y ya después como presidente. Su carrera culminó en 1991, cuando dimitió tras el acuerdo de disolución suscrito con Bielorrusia y Ucrania.
Tengo que reconocer que no estoy de acuerdo con la mayoría de las opiniones que se están dando sobre lo que hizo Gorbachov, pues desde mi punto de vista, propició que se suicidara el imperio dictatorial que dirigía, sin dejar atado que su pueblo recuperara la libertad ni que se pusiera fin al sistema totalitario que sufría.
Es lógico que Occidente le otorgara el Premio Nobel de la Paz en 1990, pues le hizo un gran servicio acabando de un plumazo con la gran amenaza que suponía la URSS.
Mientras que en España, cuando murió Francisco Franco, este dejó todo, atado y bien atado, para que los suyos dieran paso a una Democracia, de hecho, sus procuradores en Cortes, se hicieron el harakiri conscientemente para dar paso a un régimen de libertad, Gorbachov, desmontó la URSS y las estructuras huérfanas fueron ocupadas de inmediato por auténticas mafias dirigidas por altos cargos del PCUS que se convirtieron en los oligarcas que llevaron a Putin al poder y que han impedido que el pueblo ruso abrazara definitivamente la democracia y la libertad.
Otra cosa es la imagen de Gorbachov en los países, hoy independientes, y que pertenecían a la URSS contra su voluntad, ahí supongo yo que lo venerarán como a un héroe.