Gracias a las mentiras de
este Gobierno, nuestro país ha perdido un tiempo precioso e irrecuperable.
Recordemos los embustes que nos dijo, Sánchez y su gobierno, a través de su
portavoz el Dr. Simón: 24 de enero “Hay una probabilidad de infección muy baja”;
31 de enero “Creemos que España no va a tener como mucho, más allá de algún
caso”; 9 de febrero “El riesgo es bajo”; 23 de febrero “No hay virus ni se está
trasmitiendo”; 28 de febrero “El riesgo está perfectamente delimitado”; 2 de
marzo “No debería ser ningún problema celebrar eventos multitudinarios”; 4 de
marzo “No es necesario cerrar los colegios”; 5 de marzo “Nuestros hospitales
serán capaces de soportar esta crisis”; 7 de marzo “Suspender actos supondría que
el virus circula sin control por nuestro país”. De todas estas mentiras, la más
letal fue la de permitir la manifestación “feminazi” del 8-M, acontecimiento
que desencadenó la infección masiva en Madrid. Mentiras que nos han llevado al
inicio de un estado de alarma con ya 6.400 infectados y 195 muertos.
Hasta en el Consejo de
Ministros en el que se han concretado las medidas a tomar para darle forma a
ese estado de alarma, hemos podido comprobar por qué no se ha decidido antes. El
comunista Iglesias y los independentistas, presionando a nuestro infame
presidente con sus condiciones, y este, que siempre puso por delante seguir en
La Moncloa, que el interés general, bajándose los pantalones con quienes
quieren lo peor para nuestra España.
Pudiendo haber ido por
delante de los acontecimientos, nuestro gobierno se ha convertido en el gran
cómplice del virus, y ahora resulta, que quien ha alimentado a la bestia ahora
quiere matarla. Sánchez ha actuado durante mucho de pirómano, ahora que no
pretenda ser el bombero heroico.
