España está cada vez más cerca de la estanflación, crecimiento escuálido con una inflación desbordada. El IPC subió un 3% en marzo en relación al mes anterior y se situó en el 9,8% en términos interanuales, su cota más alta en 37 años, debido a la calamitosa política económica del Gobierno más la fortísima escalada de los precios de la luz, los carburantes y el gas. Hay que tener en cuenta de que estos datos aún no recogen del todo el impacto de la huelga de transporte en la segunda mitad de este mes, que provocó desabastecimiento de productos y alzas en los precios.
Los hogares españoles tienen cada vez menos capacidad adquisitiva, los españolitos de a pie somos cada vez más pobres, por lo que el consumo y la demanda decrecen. Sánchez nos dijo en su día que creceríamos un 7% en 2022 y a este paso a duras penas sobrepasaremos el 3%.
Este desdichado Gobierno, en vez de bajar esos impuestos que ahogan a los españoles y con los que obtiene abultados ingresos, se dedica a “marear la perdiz” dando ayudas y subvenciones durante pocos meses, aún ha sabiendas, que este verano todo estará mucho peor. La izquierda no quiere enterarse, hay que crear riqueza, pues creándola todos salimos ganando en nuestro nivel de vida, pero no, ellos “erre que erre”, a lo suyo, a sacarle todo lo que puedan a las clases medias y bajas, empobrecerlos un poco más, y llevar a los que viven en la pobreza, a la miseria. Económicamente, estamos rebasando los límites de los escenarios más sombríos, y la situación, a corto plazo, no va a cambiar.
Mientras, en países como Irlanda, Italia, Polonia, Rumanía o Suecia, han optado por importantes rebajas fiscales.
Es evidente, que en el peor momento económico, nos ha tocado el peor Gobierno posible para afrontarlo “que Dios nos coja confesados”.