Nuestro Ejército, que ha
comenzado a realizar labores de apoyo a las residencias de ancianos,
desbordadas en los últimos días por el elevado número de casos de coronavirus,
ha descubierto en varios centros un panorama terrorífico, ancianos que llevaban
fallecidos un tiempo indeterminado en sus camas, abuelos que pese a haber
muerto permanecían allí junto a sus compañeros, muchos de ellos desnutridos y
sin la mínima higiene. Información confirmada por el Ministerio de Defensa.
Los cadáveres se han
localizado en varias residencias de ancianos de diferentes puntos de España. En
dichas residencias afectadas, había una ausencia casi completa de personal.
Mayores desvalidos que no estaban siendo atendidos por nadie, después de que la
enfermedad comenzara también a propagarse entre los propios trabajadores.
Aquí hay dos posibilidades, o
la dirección de las residencias no ha pedido auxilio a la administración, por
lo que la justicia tendría que ser implacable con los propietarios, o bien, que
la administración no haya hecho caso a las llamadas de auxilio, en este segundo
caso, tendrían que rodar otras cabezas. En definitiva, todo el peso de la ley debe
caer sobre los responsables de que se hayan producido hechos tan terroríficos.
En nuestra deshumanizada
sociedad, está de moda dejar a nuestros abuelos aparcados en residencias hasta
su fallecimiento, a unos, los visitan sus familiares con asiduidad, pero a
otros no. Pese a pagar importantes cantidades de dinero mensualmente, ha
quedado demostrado, que eso no garantiza absolutamente nada. La ingratitud con
nuestros mayores, a quienes les debemos todo, absolutamente todo, muestra la
preocupante degradación que sufre nuestra civilización, esa que nos decían que
era cristiana.
