Ahora entiendo, por qué los
fundadores de la Unión Europea se negaron a dejar claros los orígenes
cristianos de Europa. La UE ha terminado por convertirse en un espacio en el
que los egoísmos nacionales y la deshumanización campan a sus anchas.
Italia y España, los países
que más están sufriendo la crisis sanitaria actual, piden ayuda y los países del
norte se la niegan, teniendo que ser el presidente de ese pequeño y poco influyente
país llamado Portugal, el que haya puesto el calificativo a lo que ocurre, repugnante.
A Holanda, ese país pionero
en poner en práctica cualquier idea que vaya en contra de la dignidad del ser
humano, ha mostrado su disgusto porque, en España e Italia, se admita a gente
mayor en sus UCI, pues para ellos, a los abuelos y a los débiles no hay que
prestarles asistencia sanitaria en momentos tan críticos. Los pioneros en
legalizar la eutanasia, parecen querer imponérsela a los más vulnerables. En la
antigua Esparta, trataban con más humanidad a sus ciudadanos que en los
actuales Países Bajos. Y lo más triste, es que aquí, una parte de la progresía
pretende imitarles.
Esta Europa, y digo a esta
porque, me considero europeísta pero de otra Europa posible, empieza a
descomponerse y cada vez más europeos empezamos a plantearnos si es aconsejable
seguir perteneciendo a ella. Antes, recibíamos una millonada en fondos estructurales,
pero ahora, solo desprecios.
También es cierto, que desde
Europa ven, quizás con más claridad que nosotros, la ineptitud de nuestro
Gobierno a la hora de afrontar la pandemia y les cueste aceptar que, tengan que
ser ellos los que paguen los platos rotos por Sánchez y su banda, pero lo que
de verdad debe primar es ayudar a los ciudadanos europeos de España.
