El presidente de la
Federación Española de Fútbol ha sido detenido. Un individuo que se había
perpetuado en el poder desde hace 29 años, un tío que se creía desde hace
mucho, el dueño del cortijo, por ello, había convertido a la FEF en un
estercolero, donde el intercambio de favores, el tráfico de influencias, los
“pucherazos electorales” y el nepotismo, eran lo habitual.
Resulta intolerable, que
ante la opacidad absoluta en la gestión económica federativa, y las múltiples
denuncias y querellas presentadas contra la gestión de Villar, sea a estas
alturas cuando un juez se haya atrevido a actuar. Esto debió ocurrir mucho antes,
pues los indicios contra la mafia creada por Villar cantaban ya mucho.
Villar, apoyado en su hijo,
también detenido, había creado las suficientes redes clientelares necesarias
para siempre salir reelegido, pues parte del dinero saqueado lo repartía entre
sus muchos compinches.
Estamos ante un flagrante
enriquecimiento ilícito procedente del desvío de dinero federativo y de
comisiones ilegales. Por ello, la Fiscalía Anticorrupción les acusa de
administración desleal, falsedad documental, corrupción entre particulares y
apropiación indebida.
Tres décadas ejerciendo el
control absoluto de una organización, debería estar prohibido por ley, pues a
la larga, el riesgo de corrupción se acentúa. La limitación de mandatos, máximo
de ocho años, debería estar obligada por ley.
Las acusaciones son tan
graves, que debería dimitir, aunque no creo que lo haga, por ello, los propios
que lo pusieron ahí con sus votos,
deberían inhabilitarlo. De hecho, detenido y todo, sigue dando órdenes
encaminadas a presionar tratando de parar la actividad federativa. La Liga de
Fútbol Profesional debería tomar la iniciativa e impedir las acciones
encaminadas a entorpecer el comienzo del próximo campeonato de liga.
¿Quién es el encargado de
supervisar y fiscalizar las cuentas de las distintas federaciones? Debería
investigarse a qué se ha dedicado.
