Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania, ha asegurado este pasado lunes por la noche que no tiene «miedo de nadie”. Y lo ha hecho desde su despacho presidencial en Kiev afirmando que “no me escondo”. Es la primera vez que se le ve allí, sentado en su sillón, desde que el presidente ruso, Vladimir Putin, comenzó la invasión del país el 24 de febrero.
Este humorista metido a político le está demostrando al mundo su gran talla de estadista, de líder, de patriota, mostrando una valentía que para ellos la quisieran muchos de los que gobiernan las naciones de occidente. El presidente ucraniano ha lanzado un mensaje en el que ha resaltado que tiene lo más importante, «la verdad».
Ha vuelto a desafiar al invasor, a Putin, apuntando que la situación es para Rusia «una pesadilla», ya que se han olvidado de que los ucranianos no tienen miedo de «las furgonetas de la Policía, de los tanques o de las ametralladoras», afirmando que los rusos «han subestimado la determinación del pueblo ucraniano».
Lo cierto es que, Zelenski, ha conseguido que se desarrolle un movimiento nacionalista muy fuerte, un despliegue tan fuerte de “ucranianidad” en las calles, que nunca se había visto antes.
Este hombre ha conseguido ganarse para su justa causa al mundo libre, y ha obligado a los distintos gobiernos, así como, a la UE y a la OTAN, a que pongan todo su empeño en socorrer a los ucranianos que se ven obligados a huir, y a los que se quedan para combatir al invasor. No podemos olvidar, que Rusia ha enviado a cientos de asesinos, muchos de ellos, chechenos, con la única misión de asesinarle.
Que nadie olvide, que Rusia es una gran potencia militar pero que tiene los pies de barro, pues en lo económico es poco más que Italia o España, pues su PIB es poco más alto que el nuestro. Digo esto, porque una guerra larga sería muy difícil de financiar por parte de Rusia, y más con las fuertes sanciones económicas que se les está imponiendo.
Nuestra sociedad, en su ingenuidad, pensaba que estas imágenes tan duras que estamos viendo en la TV, solo las vería ya en las películas. Cuando te acomodas, es difícil de entender que, ocurrió en el pasado y volverá a ocurrir en el futuro. Parece inherente a los humanos.