La comparecencia del ministro
de Sanidad, Salvador Illa, en la Comisión de Sanidad del Congreso, ha sido
absolutamente desalentadora, pues ha dejado meridianamente claro, que nada se
ha hecho y que todo está por hacer, pero eso sí, con un discurso demasiado
voluntarista nos ha tratado de convencer de que algo están haciendo.
Después de todo lo que hemos
vivido, que se nos diga a estas alturas, “que pondrá el acento en la detección
temprana de transmisión comunitaria del coronavirus y en tener una reserva
suficiente de equipos y medicamentos para el sistema de salud”, es reconocer
que nada hemos avanzado pero que “en breve empezarán a trabajar para que en las
próximas semanas se disponga de un plan de preparación y respuesta ante una
posible segunda oleada del Covid-19 que incluirá una reserva estratégica de
material sanitario, de protección y de medicamentos para afrontar futuras
crisis ya sea por este virus o por otros que puedan venir”. A fecha de hoy, no
tenemos ni plan ni reserva estratégica, todo lo contrario que nuestros países
vecinos.
Debemos saber, que las CCAA
tienen competencias para paralizar actividades, pero no para restringir la
movilidad, por ello, ante los múltiples brotes que están apareciendo por toda
España, sin la aprobación de ese protocolo de actuación que ha exigido ya la
Comunidad de Madrid, que permita confinar o cerrar temporalmente municipios,
podemos volver a tener muchos problemas. Empieza a preocuparme como se están
desarrollando los acontecimientos, este Gobierno no aprende, y de los errores
propios se debería aprender.
Si te limitas a tomar la
temperatura en los aeropuertos, te comes a los asintomáticos, si aceptas
pateras de ilegales contagiados, te comes un marrón que no es tuyo, y si
tenemos la desgracia de que en otoño vuelva con fuerza el Covid-19, y nos
“pilla en bragas”, no deberíamos comernos nada más y actuar en consecuencia.
