Si la derecha estuviera gobernando en este momento en España, y aunque los fallecidos fuesen el mismo
porcentaje que en los países que han gestionado bien la pandemia, España
estaría en una situación de crisis política y social de grandes dimensiones, pues
la izquierda habría incendiado las calles.
Si la derecha gobernara, los
partidos de izquierda y los secesionistas no habrían dado su apoyo al Estado de
Alarma, pues seguro que habrían dicho que era un exceso y un atentado contra la
democracia y las autonomías; si ese Gobierno hubiese aparecido en televisión
rodeados por los jefes de la cúpula militar y policial uniformados, los
portavoces de la izquierda habrían dicho que se trataba de un golpe militar
encubierto y habrían calificado de golpista al gobierno legítimo; los comprados
medios de comunicación progres, la gran mayoría, estarían emitiendo
continuamente imágenes de cadáveres, de enfermos hacinados, de sanitarios
desesperados por la desorganización y la falta de medios, de parados
angustiados, de empresarios en la ruina, de trabajadores autónomos llorando; estaríamos
viendo continuamente en televisión las historias de tantas familias
desesperadas porque no saben dónde están sus familiares, que entraron enfermos
en el hospital y ahora se ha perdido su rastro y nadie les dice si están vivos
o muertos, ni dónde están sus cadáveres; se les llamaría asesinos por los
muchos miles de muertos, mentirosos porque posiblemente la cifra sea más del
doble, ladrones porque seguro que a la corrupción de las comisiones se debe la
torpeza y el retraso en la llegada de material sanitario, genocidas porque
mueren más los pobres que los ricos; y ni siquiera esa derecha podría contar con
la lealtad de un PSOE, cada día más escorado hacia el extremismo
revolucionario. Ocurriría todo lo contrario de lo que ocurre ahora.
Mientras que no se exija a
los políticos que sepan gestionar, y a los periodistas que se ciñan a la
verdad, mal nos irá.
